Una reflexión sobre el otro 15-M

Cada 15 de Marzo, Día Mundial de los Derecho del Consumidor, es tradicional recordar aquella frase de Kennedy que decía: “consumidores somos todos”. Quizá haya llegado el momento de replantearse este discurso, válido para un modelo de sociedad y producción que poco o nada tiene que ver con el actual, y darle un enfoque distinto.

Si en aquellos años sesenta en que se pronunció esta frase, el consumo tenía un significado de orgullo por señalar el nivel de clase alcanzado, hoy día el sentido del consumo tiene muchas facetas. Sigue existiendo un componente de diferenciación, de gusto por una marca o servicios que nos distinga frente a los demás, fruto de los intereses de la industria. Pero cada vez más las pautas de consumo tienen un componente de necesidad. Las “marcas blancas”, los servicios “low cost”, el “crédito rápido” o la “consumo colaborativo”, son indicios de un empobrecimiento de aquel significado del consumo como ostentación. ¿A qué se ha debido?

No parecen existir dudas sobre las causas de este cambio. La desigualdad creciente, en la cual interviene como un factor importante la brecha generacional y tecnológica, que ha supuesto entre otras cosas, la irrupción de nuevos hábitos y formas de consumo que por un lado convierten el consumidor mas joven en mas exigente (prosumidor) y por otro en algunos casos le convierten en prestador del servicio , un modelo de producción acelerado, y fragmentado, con múltiples y novedosos canales de comercialización, de prestación de servicios y pagos, en donde los dispositivos móviles son los grandes protagonistas. La instituciones publicas se enfrentan por un lado a empresas cada vez mas grandes y  poderosas fruto de la concentración que conlleva la globalización económica y por otro a la incesante innovación tecnológica en todos los sectores y en especial en el sector financiero y bancario. por lo que  a duras penas pueden regular y  poner límites.

Las consecuencias de estas transformaciones ya las hemos sufrido los consumidores y  parecen fácilmente detectables: incremento del individualismo, grandes abusos, mayor competitividad social, menor solidaridad, distanciamiento de la realidad, deterioro ambiental, alejamiento de los centros de decisión política y falta de confianza en instituciones tradicionales que contribuían a concentrar intereses colectivos, como partidos, sindicatos y asociaciones. Ante estos retos desde Alternativa Consumidores Construyendo futuro queremos proponer algunas reflexiones:

En primer lugar, convendría reconocer que el consumo no es un hecho social aislado, sino que se relaciona íntimamente con otros aspectos de la vida, como el trabajo o la edad. Esto obliga salir del encajonamiento y ampliar miras, lo que en términos prácticos exige establecer contactos y cooperar en diversos ámbitos. Pisar la calle, y no sólo en el sentido reivindicativo, sino en una paciente relación de colaboración con otras organizaciones en la que protagonismo pase a segundo plano.

Da la impresión en las asociaciones que padecen un exceso de “institucionalización, y de egos”, de haber olvidado la dimensión de movimiento social que se ha cedido por inercia a otros actores como los movimientos sociales por las pensiones dignas, PAH o las plataformas en defensa del alquiler, o plataformas de afectados, por mencionar algunos ejemplos actuales. Quizá una de las causa de ello sean unas estructuras que no permiten al socio inquieto ejercer su autonomía y desarrollar iniciativas propias y, por tanto, crear estructuras que conecten más con la realidad. Y aquí abrimos un pequeño paréntesis para referirnos a los jóvenes, a los que resulta difícil incentivar su participación y que es muy evidente ello en nuestra organización.

Los jóvenes hoy día tienen unas prioridades acuciantes, centradas especialmente en la búsqueda de empleo, pero el movimiento consumerista no ha logrado captar su atención en su ideario reivindicativo. Hemos visto recientemente cómo en Bélgica, Alemania e Inglaterra miles de jóvenes han celebrado el Youth Strike 4 Climate”, “Jóvenes en huelga por el clima”. Sin embargo, pese a ser los grandes protagonistas de las nuevas formas y  hábitos de consumo por  la digitalizacion de la economía  con riesgos tan importantes como  el endeudamiento a crédito o la dificultad de acceso a la vivienda, o la movilidad, que se encuentran más cerca de su realidad cotidiana, no se ha logrado movilizar a los jóvenes para afrontar unas problemáticas que les afectan o afectarán en un momento inmediato de su vida. Cerramos aquí el paréntesis para continuar con nuestra reflexión.

En segundo lugar, se está creando una sociedad de dos velocidades. De los que ahorran y de los que llegan a fin de mes a duras penas y han de recurrir al endeudamiento; de los que no pueden acceder a vivienda o viven con la soga al cuello de una hipoteca o un alquiler, y de los que tienen varias viviendas; de los que acceden a las nuevas tecnologías subiéndose al tren de la economía  y de los que desconocen las herramientas o no saben utilizarlas convirtiéndose en blancos perfectos de exclusión y de futuros abusos; de quienes consumen alimentos de calidad y de quienes se ven abocados a nutrirse con productos baratos y poco saludables; de quienes disfrutarán pensiones dignas y de quienes sufrirán una precarización que condicionará su últimos años de vida.

Afrontar esta grave bipolaridad social exige de las Asociaciones crear las estructuras organizativas adecuadas que permitan llegar a ambos frentes y a sus problemáticas particulares, pero sin fragmentar la lucha. Los consumidores y la sociedad nos enfrentamos a un desafió financiero y tecnológico. Porque quien tiene capacidad de ahorro o sabe usar las nuevas tecnologías tampoco está exentos de riesgos. Unir estos mundos cada vez más distantes debería hoy día ser una tarea prioritaria de toda organización social. La profundización de la distancia podría abocar a un choque entre ambos. Como Asociación la tarea debería servir para cohesionar la sociedad, sin duda el primer paso para organizar una reivindicación de más y mejores derechos de forma colectiva y unida.

Éste es quizá es el enfoque actualizado que deberíamos dar a la frase de Kennedy con la que encabezábamos este texto y que queremos compartir con todos y todas para su reflexión y debate.

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